ROSARIO ECOLóGICO ORAR DESDE LA CREACIóN

Compartir

Con motivo del año en que la Orden estudia, reflexiona y pone en práctica el documento del Papa Francisco Laudato sii, presento un subsidio para la oración enviado por la oficina general de JPIC.

 

MEDITACIÓN DEL SANTO ROSARIO

“Ciertamente, los acuerdos internacionales son importantes, estos pueden ser de mucha ayuda. Pero no son suficientes por sí solos para mantener un cambio en el comportamiento humano. Como San Juan Pablo II dijo, se requiere una “conversión ecológica”, un cambio radical y fundamental en nuestras actitudes hacia la creación, hacia los pobres y hacia las prioridades de la economía global”. Cardenal Peter Turkson

“No hay problema, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario”.

Lucía dos Santos de Fátima

 

La intención universal (del mes de abril) del Papa Francisco fue: “Que la gente pueda aprender sobre el respeto de la creación y la cuide como un regalo de Dios”

Rezar el Santo Rosario es una forma importante de unirse al Papa Francisco y a todos los católicos alrededor del mundo quienes oran por esta intención.

Por esta razón, ofrecemos estas meditaciones especiales del rosario que nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de la dignidad humana y el valor de respetar la creación, todo a la luz de lo que Dios ha hecho por la salvación del mundo. Estas meditaciones especiales reflexionan sobre los misterios del Santo Rosario desde una perspectiva de comprensión católica de la ecología, como nos enseñó San Juan Pablo II, Benedicto XVI, y el actual Papa Francisco.

 

MISTERIOS GOZOSOS (Lunes y sábado)

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” Papa Francisco

“La felicidad que están buscando, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía.” Benedicto XVI

“La alegría que las Bienaventuranzas prometen es la alegría misma de Jesús: una alegría buscada y encontrada en la obediencia al Padre y en la entrega a los hermanos.” San Juan Pablo II

 

Primer misterio gozoso – La anunciación del ángel a María

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó. Lucas 1, 35-38.

María, tú que escuchaste la voz de un ángel y te enfrentaste a la elección que todos nos enfrentamos: ¿Confiamos en Dios? Tú lo escuchaste y confiaste en Él y en su plan de salvación. Con tu Sí, se dio la redención de la raza humana y de toda la creación. Debido a tu confianza, hoy podemos conocer la alegría.

Ayúdanos, Oh Virgen María. Ruega para que tu Hijo nos conceda la gracia de escuchar y decir Sí a Dios. Que nuestro Sí nos impulse a seguir sus leyes, las cuales hacen posible la vida. Ayúdanos a discernir y entender Su plan de amor y vida, en respeto al orden natural de la creación. Ora para podamos apartarnos del miedo y del deseo y para que en todo lo que hacemos y en todo lo que consumimos, podamos estar en paz con todas las personas y todos los seres vivos.

 

Segundo misterio gozoso – La visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: « ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Lucas 1, 41-42.

María, tú fuiste apresurada al encuentro con tu querida prima para compartir la noticia de la salvación. Desde el momento mismo de la concepción de Tu hijo, tú sabías de su propósito, como ser humano y como Hijo de Dios. Tú escuchaste a tu prima mientras ella hablaba de su alegría y la alegría del hijo en su vientre. Después, tú anunciaste la Buena Nueva del Evangelio – la Buena Nueva que trae la salvación y alegría para todas las criaturas.

Ayúdanos, Oh Virgen María. Ruega para que tu Hijo nos conceda la gracia de recibir y compartir su Evangelio de vida con todas las personas para que nosotros, al igual que tú, podamos participar en la salvación de toda la creación. Ayúdanos a cada uno de nosotros, primero a conocer y vivir mejor Su palabra de vida eterna. Y luego, a través de la forma en que vivimos y amamos, ayúdanos a anunciar a un mundo intoxicado, la grandeza de su hijo, nuestro Señor, quien consuela a los afligidos, da fuerza a los pecadores arrepentidos, y hace nuevas todas las cosas.

 

Tercer misterio gozoso – El nacimiento de Jesús

«Y sucedió que, estando en Belén, le llegó a María la hora del parto, y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada». Lucas 2, 6-7.

María, en el momento en que diste a luz al Salvador, los pueblos del mundo sólo podían ofrecerte refugio en un establo hecho para la alimentación de los animales. De esta ofrenda, Dios trajo al Pan de Vida a su creación. Después de haber dado a luz, sólo los pastores se unieron a ti y a San José en adoración a su hijo. Y tú los escuchaste mientras ellos compartían lo que los ángeles les habían revelado. Desde esta primera reunión de creyentes, Dios envió al Buen Pastor a la creación, y es él quien congrega a todos como una sola familia en la alegría del hogar en su eterno jardín.

Ayúdanos, Oh Virgen María. Ruega para que tu Hijo nos conceda la gracia de hacerlo presente en el mundo a través de nuestras vidas, nuestras opciones, y nuestro amor hacia todas las personas y hacia todo lo que Él ha creado. Ayúdanos a escuchar y a estar con los más necesitados. Ayúdanos a proteger la vida. Ayúdanos a compartir lo poco que tenemos para que Dios pueda hacer de nosotros cuidadores de nuestros hermanos y hermanas, así como los administradores del generoso y ordenado jardín terrenal.

 

Cuarto misterio gozoso – La presentación del Niño Jesús en el templo

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación. Lucas 2, 25-30

María, siguiendo la ley de Dios, encontraste y escuchaste a todos aquellos que profetizaron Su plan de salvación. Sus palabras hablaban del sacrificio como un medio para la salvación. Ellos hablaban también del sufrimiento como un camino momentáneo a la alegría eterna.

Ayúdanos, Oh Virgen María. Ruega para que tu Hijo nos conceda la gracia de escuchar y prestar atención a las palabras de los profetas modernos que hablan de la fe, los que hablan de la razón científica, y los que hablan de ambos temas. Ayúdanos a entender a quienes han leído las verdades del orden creado y que ahora hablan de sacrificio. Ruega por nosotros, Virgen María, para que al igual que tú, podamos enfrentarnos a nuestros propios sacrificios y sufrimientos. Y así podamos tener esperanza de que, al hacerlo, estamos luchando por la salvación de las almas, la protección de la vida, y la redención del mundo.

 

Quinto misterio gozoso – Jesús hallado en el templo.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Lucas 2, 46-47.

María, tú buscaste a tu hijo y lo escuchaste hablar de Su Padre del cielo. Al buscar a Jesús en el templo, nos mostraste que los que buscan realmente a Cristo completarán su viaje en la casa del Padre, donde la verdad y la alegría reinarán por siempre.

Ayúdanos, Oh Virgen María. Ruega para que tu Hijo nos conceda la gracia de buscar, encontrar, escuchar y comprender su verdad. Ayúdanos a discernir la verdad en todo lo que la naturaleza nos revela y en todo lo que dicen los pobres y las personas que sufren. Haz que todos nosotros y especial nuestros líderes, podamos ver que nuestras actividades deben siempre ir encaminadas a hacer la voluntad del Padre. Al hacer esto, podremos vivir en armonía con Él, con nuestros vecinos y con toda la creación.